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Bitcoin y el paradigma de la confianza

Cuando decides ir con un dentista, lo haces después de haber revisado sus credenciales, es decir, el diploma que le proporcionó cierta universidad. Luego, para pagar por sus servicios, puedes utilizar una tarjeta de crédito que este dentista, toma como un método validado por un banco que hará el depósito correspondiente de tu cuenta a la suya.

Este sencillo ejemplo, tiene una constante: la confianza.

Para confiar en el dentista, primero confiamos en la universidad en que estudio, luego para que el dentista confiara en nuestro pago, confió en el banco que nos proporcionó la tarjeta y la lectora que tiene.

En ambos casos, la confianza está basada en terceros - la universidad y el banco - que proporcionaron los elementos necesarios para validar el conocimiento de uno y la solvencia en el otro.

Cada vez que se delega esta confianza en una entidad certificadora, damos a cambio información, es decir, tanto el banco como la universidad, se vuelven dueños de nuestros datos personales y de la información que generamos en cada una de las operaciones gestionadas por ellos; la universidad tiene nuestros registros de asistencias, faltas y calificaciones, así como el banco tiene cada una de las cantidades de dinero que hemos recibido y gastado, incluyendo cuándo y dónde.

Se podría decir que estamos dispuestos a perder privacidad a cambio de ganar confianza.

El concepto de bitcoin - de hecho de cualquier criptomoneda, pero para efectos prácticos y por popularidad llamarle así será como hablar de la generalidad - surge de poder mantener el valor intrínseco - la confianza - sin perder la privacidad.

Por naturaleza creemos en aquello que podemos ver. Decidimos confiar en una universidad o un banco por que su prestigio y reconocimiento les confiere también cierta credibilidad.

¿Pero que pasa con aquello que no podemos visitar así como visitamos una universidad o banco?

También por naturaleza, estamos dispuestos a creer en algo que es superior a nosotros. En un concepto abstracto la universidad y el banco, son "algo más" que un individuo.

Aterrizando esto, en la actualidad es casi imposible pensar que si escribimos una dirección en la aplicación de tráfico que tenemos, no nos lleve justo a dónde queremos ir; ahora confiamos en un software, confiamos en los elementos que permiten que esa aplicación sea capaz de determinar en dónde estamos y que ruta tomar. Confiamos en ese software, no sólo por que lo proporcione Google o Apple, sino por que entendemos el concepto mismo de software, es decir, sabemos que un segmento de código puede realizar operaciones con una certeza superior a la nuestra, por que ya lo damos por hecho al comprar en línea, al reservar viajes o al pedir el resultado de una operación.

Estamos en el punto en que el software se asume como una entidad certificadora.

Nick Szabo tomó en cuenta esto al crear el concepto de smart contracts; pagar la visita al dentista representó un contrato que fue validado por el banco, lo mismo pasa para cualquier operación de intercambio de dinero, intercambiamos dinero por que ambas partes de la operación - o contrato - sabemos que tiene un valor por que un banco así lo certifica.

¿Que pasaría si ese dinero, fuera un segmento de código que por sí mismo informa de todos los elementos que le dan el valor a la moneda que hoy usamos a diario?

En términos simples, le damos valor a una moneda por que sabemos que la creó una institución y que esta se la entregó a alguien más.

Un bitcoin se genera en una explicación muy simplificada, por un software que está repartido en cientos de equipos de cómputo que acceden a que sus recursos sean utilizados para crear cada moneda y para registrar cada una de las operaciones que se han realizado con esta moneda.

La intención del bitcoin, es que sus propios usuarios tengan el registro de cada una de las monedas creadas y de cada una de las operaciones, lo cúal básicamente, reemplaza lo que un banco hace.

Pero entonces, ¿si el banco me pedía datos para poder gestionar las operaciones, ahora mi información es vista por muchas gentes?

No, una criptomoneda tiene ese nombre por un vocablo principal 'cripto', lo que ya nos da la idea de que hay algo encriptado. La moneda en sí es un bloque de datos cifrados y su registro de operación, es también un bloque encriptado que se propaga por la red de usuarios. Es muy parecido a como cuando se descarga un vídeo - legalmente obtenido, claro ;) - con un software como bittorrent; cada uno de los usuarios que tienen ese archivo te comparten una parte del mismo para que no dependas de uno solo para poder obtener el archivo.

Este registro repartido en toda la red de usuarios, es lo que se conoce como base de datos descentralizada, lo que hace que ninguno de ellos se vuelva dueño de toda la información, pues solo almacenan en sus equipos un bloque de datos que son leídos cuando quien quiere realizar una operación los necesita. Así pues, el bitcoin, no depende de que un banco decida restringir el acceso a alguien; la limitación se vuelve sólo un tema de conocimiento y de contar con un equipo que pueda realizar las operaciones complejas de una encriptación de datos. Con un bitcoin, ganamos la confianza sin perder la privacidad, por que ahora no hay una entidad certificadora que tenga nuestra información.

¿Y como es que ese bloque de datos tiene valor 'real'? Como cualquier moneda, esto depende de su oferta y demanda.

En el caso del bitcoin, por su arquitectura, existe un límite de 21 millones de monedas disponibles, lo que determina en cierta medida la oferta disponible, y con el empuje de figuras como Elon Musk la demanda se ha comenzado a incrementar.

El futuro del bitcoin y la información disponible a como utilizarlo es enorme y crece a cada momento, esta lectura sólo tiene la intención de llevar a un lenguaje más sencillo los conceptos técnicos que hacen que su existencia y uso sea posible.